Fimosis y sinequias

Cuando tenemos un hijo varón, los padres suelen preguntar “qué se hace con la cuquita”, ya que reciben informaciones dispares sobre el tema. Si miramos la punta del pene, comprobaremos que es NORMAL que prácticamente la piel esté cerrada.

Antiguamente era una práctica habitual retraer el prepucio, pero se comprobó con el paso del tiempo, que las heridas creadas por hacer esto formaban un círculo fibroso (debido a las cicatrices) en la piel del prepucio, disminuyendo la elasticidad de la piel y aumentando la incidencia de la fimosis.

A medida que crece el niño, irá explorando su cuerpo, dándose tirones él mismo, ayudando con esto a separar el prepucio del glande. Además, las erecciones sucesivas ayudan en este sentido, así como el esmegma, que es una sustancia blanquecina producida en la base del glande y que va separando la piel del glande. Cuando el esmegma se acumula, pude formar una especie de bolitas blancas que suelen ser motivos de consulta, son los quistes de esmegma, los cuales al llegar a la superficie se rompen dando un aspecto similar al pus. Esto es completamente normal y solo debemos limpiar los restos de esmegma con agua y jabón, una vez se hayan roto estos quistes.

Entonces… ¿Qué debemos hacer?

Lo importante es mantener la punta de la cuquita limpia; podemos echar un poco la piel para atrás SIN FORZAR, para quitar los restos blanquecinos que se acumulan. Es habitual que hasta los 3 años, la abertura de la piel del prepucio sea pequeña y, cuando empieza a ceder, veremos que la piel del prepucio esta pegada al glande (es lo que llamamos adherencias balanoprepuciales).

¿Cuándo hablamos de fimosis?

A partir de los 3 años, si comprobamos que la piel del prepucio no cede al echarla para atrás (siempre que comprobemos que no se trate de adherencias balanoprepuciales) hablamos de fimosis. En este caso, antes de derivar al pequeño al cirujano pediátrico, se puede intentar realizar un tratamiento tópico con crema de corticoides para permitir que la piel ceda; la mayoría de las veces esto es suficiente para solucionar el problema. Si tras el tratamiento persiste el problema, tendremos que derivar al cirujano pediátrico para que programe la operación.

A veces, debemos adelantar la derivación al cirujano, sobre todo cuando el niño sufre ciertos problemas:
- Infecciones de orina de repetición
- Acúmulo de orina entre el glande y el prepucio, lo cual puede ser doloroso
- Balanitis (infecciones del glande) de repetición

Debemos resaltar la urgencia que requiere una situación de PARAFIMOSIS. Esto ocurre cuando, en un niño que tiene fimosis, se retrae la piel y estrangula el glande, quedando atrapado. Es una situación muy dolorosa y que se debe solucionar rápidamente, ya que la llegada de sangre al glande se ve comprometida.

En definitiva…

Podemos resumir este tema como: “la cuquita ni tocarla”; será la propia autoexploración de los niños las que resolverán la mayoría de las veces el problema.

¿Y las niñas?

Podemos pensar que las niñas no tienen estos problemas, sin embargo, el pediatra puede sorprendernos cuando nos dice que la niña tiene sinequias.

¿Qué son las sinequias?

Podríamos decir que es “el equivalente de la fimosis de los niños” aunque realmente no lo sean. Se trata de adherencias entre los labios menores, de manera que puede cerrar complemente el introito (orificio de la vagina). No se debe confundir con el himen, ya que este es una membrana que se encuentra más internamente. Lo habitual es que sean inferiores (si colocamos a la niña boca arriba), pero podemos encontrarla a lo largo de toda la superficie de los labios menores.

¿Cómo se tratan las sinequias?

Al igual que en el caso de la fimosis, las sinequias se resuelven por si solo la mayoría de las veces. Se pueden optar por dos métodos:

  • Tratamiento tópico
  • Apertura “manual”

El primero consiste en la aplicación de una pomada de estrógenos, ya que se considera que las sinequias se producen por una escasez local de los mismos. El problema radica que hacen desaparecer la sinequia mientras dura el tratamiento, volviendo a aparecer tras la finalización del mismo. El uso de crema con corticoides (como se hace en la fimosis) es controvertido por lo que no se recomienda su uso.

La apertura “manual” consiste en romper la telita con algún objeto de punta roma (lo ideal sería un hisopo con la punta de algodón), de manera que tras mover arriba y abajo se separen las adherencias. Si se hace con el debido cuidado, puede solucionarse el problema sin prácticamente producir molestias, salvo por el llanto ocasionado por sujetar a la niña. Cuando las sinequias son completas, es recomendable este tipo de procedimiento, ya que con el paso del tiempo, las sinequias se van fibrosando y engrosando; necesitando en este caso de intervención quirúrgica para su solución. Es importante resaltar que tras solucionar las sinequias, la mucosa de los labios menores queda expuesta, de manera que puede existir algo de sangrado (suele ser de poca cuantía y de rápida solución).

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

Por una parte, debemos acostumbrarnos a limpiar a las niñas con esponja, agua y jabón; dejando las toallitas para ocasiones excepcionales (cuando salimos de paseo por ejemplo). Con las toallitas se dejan más fácilmente restos que favorecen las adherencias. Por otro lado, durante el baño, podemos realizar una maniobra sencilla que consiste en colocar ambos pulgares en los labios mayores y separarlos con cuidado, de manera que si la sinequia se está formando, la consigamos separar.

En resumen…

La mayoría de las sinequias tienden a la resolución espontánea, por lo que en caso de ser mínimas debe tomarse una actitud conservadora. Cuando las sinequias son completas, consideramos que la opción más adecuada es la apertura con hisopo de algodón, que aparte de ser una maniobra segura y muy poco dolorosa (siempre que se haga con cuidado), evita posibles complicaciones posteriores (fibrosis) que conlleven una derivación al cirujano pediátrico.

Ivan Abreu Yanes

Ivan Abreu Yanes

Soy pediatra en Hospiten Rambla. Me he especializado en la rama de Cardiología pediátrica, haciendo especial hincapié en las cardiopatías congénitas; las cuales además de su abordaje postnatal,es importante su conocimiento antes del nacimiento,para poder explicar a los padres la posible evolución de las mismas; aliviando así la ansiedad de la incertidumbre.

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Gabriela Darias Psicologa