Llegando a casa

Acabamos de vivir el día más feliz de nuestras vidas: el nacimiento de nuestro hijo. Tras unos momentos de felicidad extrema y asimilación de la nueva situación, toca la vuelta a casa con el nuevo inquilino.

Intentamos resolver a continuación algunas de las dudas más frecuentes de los primeros días:

Cuidado del cordón

Actualmente hay varias formas adecuadas de hacerlo: 1) con agua y jabón, limpiando bien todo el cordón y haciendo especial hincapié en la base; de manera que no queden restos ni exudados. Es muy importante secar bien al final, ya que si se queda húmedo puede retrasar la caída del cordón. 2) con alcohol 70º o clorhexidina, de la misma forma; si tras limpiarlo se deja una gasa alrededor del cordón, hay que asegurarse que se haya escurrido bien y no gotee, ya que si está empapada puede retrasar la caída del cordón y, además, el contacto de la gasa con la piel puede irritarla.
Las recomendaciones actuales de la sociedad española de neonatología abogan por la primera opción: agua y jabón, secando bien al final.

Es normal que tras la caída sangre un poco, ya que tienen que cicatrizar. Inicialmente hay que limpiar los restos de piel seca con una gasa y agua, pasándolo suavemente sin frotar. Después se puede pasar un bastoncillo con alcohol 70º o clorhexidina por la base del cordón, para desinfectar y dejar posteriormente que cicatrice. Si se forma un coágulo de sangre no debe retirarse, ya que impide que sangre nuevamente. Los cuidados del cordón una vez se ha caído, son los mismos que el resto de la piel.

La piel del bebé

Baño del bebé: En cuanto a la frecuencia, lo habitual es que los bebés se bañen entre 3 veces por semana y una vez al día. Hacerlo más frecuente no sería recomendable ya que se alteraría la capa lípidica de la piel del bebé, facilitando la aparición de dermatitis e irritaciones. En cuanto al jabón, debemos usar productos suaves (especiales para bebés) con pH neutro o ligeramente ácido, y no debemos frotar para evitar dañar la piel de nuestro bebé. La piel del bebé, a pesar de ser muy frágil, en condiciones normales mantiene un buen estado de hidratación. Es importante centrarnos en secarle bien, que ninguna parte quede húmeda, fijándonos bien en las zonas de los pliegues (cuello, por delante de los codos, detrás de las orejas, ingles y la zona del empeine). Si le ponemos crema hidratante debe ser especial para el bebé, aplicándosela con masajes suaves.

Cambio de pañales: La forma ideal de limpiar el culete al bebé es usar agua y jabón neutro, con una esponja suave. Las toallitas, aunque sean hipoalergénica y no perfumadas, irritan la zona del pañal, facilitando las dermatitis y las candidiasis del pañal. Dada la comodidad, recomendamos limitar el uso de toallitas para cuando salimos con el bebé a la calle; e intentar usar siempre en casa agua y jabón tal y como hemos indicado. Por norma, no es necesario poner crema en el culete del bebé. Un aclarado con agua y jabón, secando bien posteriormente, sería suficiente para mantener la piel limpia y cuidada. Si encontramos alguna pequeña irritación, es recomendable usar pasta al agua, que es un preparado farmacéutico untuoso que crea una película protectora e hidrata la piel.

Retracción del prepucio: En el caso de los varones los padres se plantean si hay que retraer el prepucio. La respuesta es clara: NO SE DEBE HACER. Antiguamente era una práctica habitual retraer el prepucio, pero se comprobó con el paso del tiempo, que las heridas creadas por hacer esto formaban un círculo fibroso (debido a las cicatrices) en la piel del prepucio, disminuyendo la elasticidad de la piel y aumentando la incidencia de la fimosis. A medida que crece el niño, irá explorando su cuerpo, dándose tirones él mismo, ayudando con esto a separar el prepucio del glande. Además, las erecciones sucesivas ayudan en este sentido, así como el esmegma, que es una sustancia blanquecina producida en la base del glande y que va separando la piel del glande. Cuando el esmegma se acumula, pude formar una especie de bolitas blancas que suelen ser motivos de consulta, son los quistes de esmegma, los cuales al llegar a la superficie se rompen dando un aspecto similar al pus. Esto es completamente normal y solo debemos limpiar los restos de esmegma con agua y jabón, una vez se hayan roto estos quistes.

Uñas del bebé

Se pueden cortar desde el primer día. Las uñas en el momento de nacer son muy frágiles, pero con ellas pueden hacerse arañazos en la carita. Hay unas tijeras de punta redonda especiales. Hay que elegir aquellos momentos en los que el bebé esté tranquilo (durmiendo idealmente), para evitar movimientos bruscos y que podamos hacerles daño. Si nos preocupa mucho que podamos córtale, siempre tenemos la opción de limárselas suavemente.

Oídos del bebé

La orejas (la parte externa) deben limpiarse con una toalla enrollada en nuestro dedo, pasándolo suavemente, sin frotar. NUNCA debe introducirse objetos en el interior del conducto auditivo, ni siquiera los bastoncillos, ya que podemos lesionar el conducto auditivo o el tímpano del bebé. En resumen, limpiaremos la parte visible de la oreja.
El cerumen es una sustancia protectora (evita la entrada de objetos extraños e insectos en el conducto auditivo) y lubricante (evita la formación de eccemas en el oído externo). Por tanto, es normal que se produzca abundantemente. El único motivo para extraer el cerumen es cuando se forma un tapón, y esto no suele ocurrir en edades tempranas.

El sueño del bebé

“Mi niño tiene el sueño cambiado”, es lo que suelen decir los padres las primeras semanas del bebé en casa. Debemos de tener en cuenta que el bebé lleva 9 meses creciendo en el útero materno, en completa oscuridad. Bruscamente se le expone, al nacer, a un medio lleno de estímulos y con momentos de luz y oscuridad. Además, durante el sueño ejerce una función clave la acción de una hormona, la melatonina, regulando el inicio del sueño y su mantenimiento, evitando los despertares frecuentes. La secreción de melatonina se va regulando poco a poco, de manera que comprobaremos que a medida que pasan las semanas, nuestros bebés dormirán cada vez más por el día y menos por la noche.
Lo habitual es que los primeros días nuestro bebé duerma en torno a 16 horas, disminuyendo poco a poco hasta alcanzar las 8 horas habituales en la vida adulta (a los 2-3 años se suele alcanzar este tiempo de sueño).

Postura para dormir: Curiosamente, los padres piensan que la postura más segura para evitar un atragantamiento es de lado, probablemente relacionándolo con la posición de seguridad en caso de accidente. Sin embargo, el grupo de trabajo para la prevención de la muerte súbita infantil de la Asociación Española de Pediatría aconseja la postura boca arriba para dormir.

Métodos para dormir: El sueño del bebé es un tema muy controvertido, de manera que cualquier profesional que de su opinión tendrá opiniones a favor y en contra. Hay muchísimos métodos creados para facilitar el sueño del bebé, prácticamente todos nacidos en Estados Unidos, y otros que han nacido por modificaciones de los primeros. Curiosamente, todos funcionan en un alto porcentaje…quizás porque en la evolución del proceso del sueño, este va madurando hasta asemejarse a la de la vida adulta.

Prácticamente todos los métodos para intentar que los niños se duerman por sí solos precozmente son útiles; se resumen en 2 grupos principales: los métodos a favor del llanto del bebé y los que evitan el llanto durante la inducción al sueño. Tanto unos como los otros suelen coincidir en los siguientes aspectos: Establecer unos hábitos con respecto al sueño: las siestas no deben hacerse en completa oscuridad e, incluso, se debe hacer con los ruidos cotidianos del día a día (dormir a oscuras y sin ruidos debe únicamente hacerse por la noche); asimismo, se recomienda que la cuna idealmente sólo sea para por la noche y para las siestas podría utilizarse un capazo. Debe utilizarse un “objeto inductor del sueño”, que consiste en una tela o muñeco que SOLO SE USE a la hora de dormir, para que el bebé lo utilice para dormirse por sí solo si se despierta por la noche. Antes de acostarlo deben realizarse la misma rutina tales como leerle un cuento o cantarle; no es conveniente arrullarlo o pasearlo en el cochecito para dormirlo, ya que eso favorecería la necesidad de estas rutinas para conciliar el sueño.

Hablemos ahora de los métodos para dormir. En primer lugar están aquellos que dejan llorar al bebé; los que abogan por estos métodos consideran que la conciliación del sueño es una habilidad que los bebés deben adquirir, y que el llanto es un efecto colateral en el proceso de conseguirlo. La base de estos métodos consiste en dejar al niño en la cuna, darle las buenas noches y salir de la habitación. Si el niño llora, se espera un tiempo determinado (diferente según el método empleado), tras el mismo, si el bebé sigue llorando, se entra en la habitación y, sin cogerlo en brazos, intentamos tranquilizarle hablándole y tocándole (este proceso durará uno o dos minutos), tras lo cual volvemos a salir y se espera otro tiempo determinado para volver a entrar. La clave de estos métodos reside en ir aumentando cada vez más los tiempos de espera y suelen verse resultados en la primera semana.
Por otra parte, comentan que los métodos que animan a no dejar llorar al bebé los hace muy dependientes de los padres e incapaces después de conciliar por sí solos.

Cuando se realizan este tipo de métodos debemos de tener claras ciertas ideas:

  1. Los padres deben ponerse de acuerdo antes de comenzar a poner el método en práctica, ya que deben estar psicológicamente preparados y, sobre todo, deben ser constantes.
  2. Habrán noches difíciles, ya que oír llorar al bebé y no ir a atenderlo puede ser muy duro.
  3. Intentar que los tiempo de espera sean “agradables”, es decir, usar ese tiempo con la pareja para hacer algo juntos.
  4. Finalmente, adaptar los tiempos según la familia. Puede que los tiempos establecidos por los métodos “se hagan eternos” para la familia, por lo que se pueden flexibilizar, realizando tiempos de espera más cortos o estableciendo un mayor periodo en el que durará el método.

Los defensores de los métodos que animan a “no hacer llorar a los bebés” defienden que si hacemos llorar a los bebés no estamos atendiendo sus necesidades fisiológicas (demanda de atención, cariño y compañía) y que además estarán traicionando la confianza que han depositado en los padres. Fomentan el dormir con el bebé, acunarlo, el contacto estrecho y que se duerma dándole el pecho.

Para lograr que el bebé consiga por medio de estos métodos que concilie el sueño solo recomiendan una serie de premisas:

  1. Ponerlo frecuentemente al pecho de día, de manera que por la noche no se despierte tan a menudo a comer.
  2. Establecer un horario de siesta regular, estableciendo así una rutina.
  3. Acostar al bebé temprano. Está ampliamente extendido que los bebés se acuesten tarde para que se duerman más fácilmente cuando está agotados. Nada más lejos de la realidad. El cansancio extremo puede dificultad la conciliación del sueño; de hecho, los niños que se acuestan antes son también los que más horas duermen.
  4. Establecer horarios de rutina poco a poco: no hacer cambios brucos sino paulatinamente.
  5. Utilizar sonidos repetitivos (por ejemplo utilizar siempre la misma frase), de manera que pueda convertirse en la frase “inductora del sueño”, cuando el bebé la relacione con ello.
  6. Si el bebé hace ruido, pero no se despierta, no lo estimules.

¿Cuáles de los métodos es más eficaz? Depende de la familia y los niños. Hay que individualizar cada caso, según la personalidad de los padres y siempre contando con ellos para tomar una decisión.

Nuestra opinión es la siguiente: Cuando un bebé nace, duerme una media de 16 horas al día, con pequeños despertares para comer. Además, durante su desarrollo ha estado en un ambiente tranquilo (el líquido amniótico actúa de aislante ante estímulos táctiles y sonoros) y en completa oscuridad. Al nacer, el bebé tiene que adaptarse a un ritmo sueño-vigilia determinado por las horas de sol, lo cual conlleva un proceso de adaptación y este proceso puede prolongarse hasta los 3 años. Algunos autores señalan que hasta un 70% de los niños, al año de edad, tienen “problemas de sueño”; probablemente, si un 70% de los niños duermen de una manera determinada, NO SE TRATE DE UN PROBLEMA SINO DE LA NORMALIDAD. Si observamos un niño con supuestos “problemas de sueño”, tales como despertares frecuentes, comprobaremos que son niños completamente sanos, con una curva de peso adecuada, con un desarrollo psicomotor normal, que juegan y tienen una vitalidad extrema; por tanto, no se trata de un problema en sí. La sociedad actual requiere que los padres trabajen, se despierten temprano y necesitan descansar para poder realizar estas tareas en condiciones (y es precisamente ahí donde reside el problema: SE INTENTA ACELERAR EL PROCESO NORMAL DE EVOLUCIÓN DEL PATRÓN DE SUEÑO, para que los padres puedan afrontar con garantías las cargas de la vida diaria). En civilizaciones donde las madres se encargan exclusivamente del cuidado del bebé, probablemente no se hable de este tema como un problema.

Por tanto, lo ideal sería que sea el propio niño quien marque los pasos y que los padres se pongan de acuerdo de cómo quieren afrontar el problema. Probablemente, los métodos que permiten el llanto del bebé obtenga resultados más rápidos pero nosotros dejaríamos estos métodos para aquellas familias en el cual el cansancio acumulado de noches sin dormir estén haciendo mella en la vida conyugal y en la calidad de vida de los progenitores, ya que a veces mantener esta situación puede ser mucho peor que unos días de llanto del bebé.

La habitación del recién nacido

Uso del aire acondicionado: El principal problema del aire acondicionado es que en producen un cambio brusco de temperatura en un espacio cerrado. Como norma general, pueden utilizarse para crear un ambiente más agradable para el bebé, siempre que no se dirija directamente hacia él y que nunca se programe por debajo de los 23-24 grados.

Cambio del bebé a la habitación: Cuando me hacen esta pregunta en la consulta suelo contestar con: “no lo se, sólo ustedes sabrán cuándo es el momento idóneo de hacerlo”, a lo que suele seguir una cara de sorpresa de lo padres. Vivimos en una sociedad en la que tenemos que tener todo controlado y estipulado; es más fácil vivir según unas pautas a seguir, de manera que no nos veamos en un dilema con cada paso que queremos dar. Pues bien, como muchas de las cosas en Pediatría, es necesario INDIVIDUALIZAR cada caso.

Me han llegado padres a la consulta comentándome que no descansan; al preguntarles el motivo me reseñan que su pediatra les recomendó que desde los 4 meses deberían pasarlo a su cuarto y claro, desde entonces, se recorren unas 30 veces el pasillo que separa ambas habitaciones cada noche.

La afirmación correcta sería CUANDO NO SE RECOMIENDA QUE EL NIÑO DUERMA SOLO EN SU HABITACIÓN, que es antes de los 4 meses, ya que antes de esa edad hay una mayor incidencia de muerte súbita y de atragantamientos. Después de esa edad, cada niño es un mundo.

Pongamos ejemplos: sabemos que los niños que están a pecho se despiertan más frecuentemente, no solo para comer, sino buscando contacto materno y consuelo ante cualquier molestia que pudiera tener… ¿Se imaginan una madre recorriendo el pasillo cada vez que el bebé pidiera el pecho? Yo no, no sería para nada lógico.
Otro caso sería el niño, que sin estar a pecho, tiene continuos despertares por la noche, de manera que ni él ni los padres consiguen descansar. Mucho de estos niños ya han adquirido una determinada rutina para la conciliación del sueño (que la mamá le hable, balanceo en los brazos o simplemente colocarle la chupa en la boca); también en este caso tanto el bebé como los padres se benefician de estar juntos en la misma habitación.

Algo muy diferente es el niño “con sueño activo” (típico niño que aparece al revés en la cuna, hace ruidos, se levanta y se vuelve a acostar pero sin despertarse), sería el caso en que el niño descansa perfectamente pero los padres no “pegan ojo” en toda la noche; si al bebé no le altera el cambio de habitación y descansa igual de bien en su habitación como en la de los padres, quizás sería un buen ejemplo para indicar el cambio de habitación.

En definitiva, NO HAY EDAD DETERMINADA para pasar al bebé a su habitación, si los padres y el bebé descansan bien, no habría por qué alterar las rutinas. Por tanto, el mejor momento es cuando LOS PADRES SE SIENTAN PREPARADOS Y EL BEBÉ, LO ACEPTE.

La ropa del bebé

Tipo de ropa: Se deben evitar tejidos sintéticos o lana, que pueden irritar la piel de bebé. Es conveniente usar prendas de tejidos naturales como el algodón, que es un tejido transpirable, aporta calor al bebé y se lava fácilmente. Hay que evitar que la ropa tengan botones o broches que puedan dañar la piel del bebé. A la hora de lavarlo, deben evitarse detergentes intensos, la lejía y los suavizantes, ya que pueden quedar restos en las prendas de ropa e irritar la piel del bebé. Del mismo modo, se tiene que hacer los mismo con la ropa de cama (sábanas, mantas) y con aquellas prendas que estarán en contacto con la piel del recién nacido (baberos, paños para limpiarle la boca).

Cantidad de ropa del bebé: Abrigar en exceso al bebé puede ser contraproducente. Las familias tienen la tendencia a abrigar en exceso a los recién nacidos, pensando que de no hacerlo se resfriarán. Hay que tener en cuenta que los bebés son inmaduros y no regulan bien la temperatura, por lo que si lo abrigamos mucho aumentará su temperatura, ocasionándole incluso febrícula. Además, un exceso de abrigo puede provocar la aparición de ronchas secundarias al sudor (sudamina). A efectos prácticos, se suele decir que la ropa de abrigo necesaria para un bebé es una capa fina más que la que llevan los padres a una determinada temperatura (esto puede crear confusión, pues hay personas más calurosas que otras). Por tanto lo ideal es OBSERVAR AL BEBÉ: si suda mucho y está inquieto, es posible que tenga mucho calor. Por el contrario, si el bebé tiene las manos y pies violáceos o tiembla, puede ser que le falte alguna capa de ropa.

Uso del chupete

Durante las 3 primeras semanas, si el bebé está con lactancia materna, se recomienda no introducir el chupete, ya que la manera de succionar es diferente y puede “confundirse”. Cuando ya está establecida, no habría ningún inconveniente. Hay diversos estudios que demuestran que el uso del chupete disminuye hasta en un 40% la incidencia de muerte súbita del lactante, esto probablemente esté en relación con la succión, ya que ésta disminuye la aparición de apneas centrales (que el niño “se olvide de respirar”, más frecuentes en niños prematuros) y de apneas obstructivas (por cierre de la vía aérea). Hay muchos tipos de chupa, tanto de componentes (látex, silicona) como de formas y tamaño; quizás aquellas en que la tetina tiene forma de cuchara con una base fina son las más anatómicas, minimizando las deformaciones de la mordida (mordida cruzada) y del paladar (paladar ojival).

Aspectos normales del recién nacido

¿Es normal que mi niño tenga hipo?

Sí. El hipo se debe a contracciones involuntarias del diafragma, que es el principal músculo que participa en la respiración. Se contrae por estímulo de un nervio, el nervio frénico. El sistema nervioso del bebé es todavía inmaduro y hace que puedan producirse contracciones irregulares y repentinas. Sobre todo ocurrirá cuando el estómago esté más lleno. En definitiva, no debe preocuparnos.

Mi bebé recién nacido no para de estornudar y tiene moquitos…¿Se habrá resfriado?

En el útero, los bebés “respiran” a través de la placenta, y es al nacer cuando usan las vías respiratorias y los pulmones para obtener el oxígeno que necesitan. Su sistema respiratorio es inmaduro y el paso de cualquier partícula con el aire puede estimular el estornudo. Del mismo modo, las fosas nasales comienzan a entrar en contacto con las partículas del aire y se produce la secreción de moco para lubricar y proteger contra la entrada de cuerpos extraños, es lo que se llama rinitis fisiológica del recién nacido. Resumiendo: es NORMAL que tu bébe tenga moquitos (ronquidito nasal, más frecuente cuando está acostado) y que estornude los primeros meses.

Mi bebé tiene muchos buches…¿Es normal?

Hasta el año de vida, es NORMAL que los niños tengan reflujo gastroesofágico, esto es una inmadurez del cardias (esfínter que se encuentra a la entrada del estómago) que impide su cierre total y, por tanto, hay paso libre del contenido gástrico hacia el esófago. Los niños tendrán más buches cuando estén recién comido (más lleno estará el estómago), si tienen muchos gases, cuando están acostados (más fácil que suba el contenido) y cuanto más líquida sea la leche que toman.
La presencia de buches NO ES INDICACIÓN DE RETIRAR LACTANCIA MATERNA para sustituirla por fórmula antirregurgitación. La indicación de tratamiento o de cambio de leche vendrá determinado por el criterio de tu pediatra quien valorará la presencia de una enfermedad por reflujo, lo cual ocurre cuando el niño deja de ganar peso por este motivo o comienza con rechazo continuo de las tomas debido al dolor.

Mi bebé recién nacido hace muchas cacas, todo el día le estamos cambiando el pañal…¿Tendrá diarrea?

Al nacer, hay presentes muchos reflejos innatos en el bebé. Uno de ellos es el llamado reflejo gastrocólico, que consiste en que al llegar la leche al estómago, se estimulan los movimientos intestinales y hacen caca. Suele estar presente las primeras semanas, por lo que es completamente normal que los niños hagan numerosas deposiciones. No todas ellas son abundantes, ya que los padres notarán que muchas son “peditos pintores”, manchando poco el pañal. Por tanto, si somos esos padres que nada más manchar el pañal lo cambiamos; puede ser que durante una toma tengamos que hacerlo 2 ó 3 veces.

El número de deposiciones depende de la alimentación y de le edad del bebé. Como ya hemos mencionado, en las primeras semanas existe un reflejo que se llama reflejo gastrocólico, por el cual según llega comida al estómago se estimulan los movimientos intestinales, realizando la deposición casi inmediatamente. Este reflejo acaba desapareciendo y, sin él, disminuye las frecuencias de las deposiciones que pueden variar desde varias al día hasta una deposición cada 3-4 días. Puede ocurrir que nuestro bebé esté de 7 a 10 días incluso sin dar del cuerpo y podría ser normal; cuando ya nos manejamos en estos márgenes, siempre debemos comentárselo a nuestro pediatra, quien comprobará que el peso aumento de forma adecuada, investigará que la eliminación del meconio el primer día no se haya retrasado, si la leche le está sentando bien y determinará con un tacto rectal que no haya ningún problema mecánico a nivel intestinal (como podría ser una membrana anal u otras causas). Una vez descartado esto, la indicación de tratamiento vendrá determinada por la incomodidad del recién nacido.

Como norma, el bebe alimentado con lactancia materna suele tener una frecuencia mayor de deposiciones, así como una consistencia más blanda (amarilla líquida con grumitos).

Las deposiciones del bebé van variando a lo largo del primer mes. Las primeras cacas son color verde muy oscuro, casi negro, se denominan meconio. Tras éstas, aparecen las llamadas deposiciones de transición, que son más líquidas y amarillentas. Finalmente aparecen las deposiciones “normales” que son amarillas con grumos del mismo color. Las leches artificiales, prácticamente en su totalidad, incorporan ya en su formulación los probióticos (bacterias de la flora intestinal), provocando con su ingesta un cambio en la coloración de las cacas. Por tanto, a modo de resumen, desde el amarillo hasta el marrón, pasando por todas las tonalidades del verde, se consideran colores normales. Se debe consultar SIEMPRE cuando se realiza una deposición roja o con hilillos de sangre, negra, gris o blanca (acolia).

¿Cuánto tiene que orinar el bebé?

En las primeras 24 horas, el bebé debe realizar al menos una micción. Tras este período lo habitual, en un niño bien hidratado, es que orine unos 7-8 pañales al día.

Lavados nasales

Por norma, no es necesario realizarlos de forma rutinaria. Si el bebé come y duerme bien, a pesar del ruidito que pueda hacer, no deberíamos molestarle con los lavados. En el caso que ya le suponga problemas para comer (que tenga que estarse parando frecuentemente) o para dormir (despertares más frecuentes de lo normal), entonces deberíamos utilizar suero fisiológico. Hay varias formas: 1) “gota a gota”, es la menos molesta y la mayoría de las veces es suficiente; sin embargo, cuando la obstrucción es importante, este método será insuficiente; 2) Pulverizador nasal: son dispositivos de venta en farmacias que pulverizan suero fisiológico o hipertónico (este último haría que salieran más moquitos), de fuerza regulable. En recién nacidos suelen usarse los “baby” y 3) “A chorro”, para lo cual puede usarse la misma monodosis de suero o una jeringuilla; con este método además del efecto de suero fisiológico contamos con el efecto de arrastre. Es más molesto para el bebé pero el más efectivo. Resumiendo: NO se debe limpiar la nariz por norma. Cuando lo hagamos intentaremos utilizar suero gota a gota para no causarle molestias al bebé y, si no fuera suficiente, utilizaríamos un pulverizador o monodosis/jeringuilla.

Al utilizar el aspirador ejercemos una presión negativa en la mucosa del de la nariz, además de irritarla con el contacto del tubo. Si irritamos la mucosa, ésta responde secretando más moco, por lo que crearemos un círculo vicioso. Por tanto, reservaremos el uso del aspirador cuando, tras varios lavados nasales, el niño continúe con una obstrucción nasal que le dificulte el comer o el dormir.

Ivan Abreu Yanes

Ivan Abreu Yanes

Soy pediatra en Hospiten Rambla. Me he especializado en la rama de Cardiología pediátrica, haciendo especial hincapié en las cardiopatías congénitas; las cuales además de su abordaje postnatal,es importante su conocimiento antes del nacimiento,para poder explicar a los padres la posible evolución de las mismas; aliviando así la ansiedad de la incertidumbre.

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Gabriela Darias Psicologa