Toda la verdad sobre las vacunas: Desmintiendo mitos

En los últimos años ha aumentado el número de personas que pertenecen al llamado “movimiento antivacunas”, basándose en una serie de premisas y creencias que, sin fundamento alguno, adquieren para ellos el carácter de dogma. Uno de los principales problemas es que hay profesionales de la salud que defienden “a capa y espada” esta postura, por lo que crea confusión y dudas en la población general. Por ello, es necesario desglosar cada uno de esos mitos, saber de donde surgieron y demostrar que dichos supuestos están infundados.

Un ejemplo histórico de este movimiento lo tenemos en la epidemia de viruela en Boston en 1901. Se decretó por ley la vacunación obligatoria para poder controlar el brote que estaba produciendo tantas muertes. Un año después los grupos antivacunas se movilizaron para derogar dicha ley, a lo que el Presidente del Consejo de Salud del país respondió de la siguiente manera: “Si hay algún adulto líder de los grupos antivacunas que quiera mostrar su sinceridad en la creencia que profesa, yo haré posible que pueda demostrar su convencimiento por medio de la exposición a la viruela, sin vacunarse previamente”. A ese reclamo acudió el Dr. Immanuel Pfeiffer; enfermando de gravedad a los pocos días de la exposición. El movimiento antivacunas continua en la actualidad, con la diferencia que el egoísmo y la insensatez hace que no sean ellos mismos los que sufran las consecuencias de su propia decisión, sino que por sus creencias ponen en riesgo la vida de sus propios hijos.

Las vacunas ha sido uno de los avances más importantes en la historia de la Medicina; su introducción ha sido, quizás, la medida que más muertes ha evitado en la historia de la humanidad, junto con la potabilización del agua. Sin embargo, las vacunas han sido víctimas de su propio éxito: al contribuir erradicando numerosas enfermedades, la sociedad ha perdido conciencia de la peligrosidad de las mismas; de hecho, las nuevas generaciones ni siquiera han llegado a convivir con alguna de ellas. Debido a esto, la sociedad se preocupa más de los posibles efectos adversos de las vacunas (dado que se administran a una población sana) que de las consecuencias de las enfermedades contra las que dan protección.

Las vacunas se administran, sobre todo, en población sana en edad infantil y a gran escala; justamente por eso los controles en su producción y los perfiles de seguridad son muy superiores a los fármacos comunes.

¿Cómo se desarrollan las vacunas?

Una frase promulgada por los antivacunas cuando hay una nueva vacuna disponible es que “están experimentando con la población”. Lo cierto es que antes de su aprobación y comercialización, las vacunas siguen pasan por una serie de fases en las que se valora la seguridad, inmunogenicidad (capacidad de la vacuna para inducir la producción de defensas) y la eficacia de las mismas. Antes de ser comercializada, la vacuna ya ha sido probada en miles de personas, vigilando posibles reacciones adversas a las mismas. Una vez en el mercado, se comienza la fase 4 o estudio postcomercialización. Al vacunarse a un número muy elevado de personas pueden ponerse de manifiesto reacciones adversas extremadamente infrecuentes y, por ello, son tan importantes seguir estudiando que ocurre en la población una vez la vacuna ya se ha comercializado.

Sustancias presentes en las vacunas

Conservantes: El uso de los conservantes en las vacunas empezó a generalizarse tras varios accidentes de características infecciosas. Uno de ellos ocurrió en 1928, en el cual 12 de los 21 niños inoculados con una vacuna que carecía de conservante fallecieron al contraer una bacteria contaminante. Tras estos sucesos, comenzaron a usarse agentes antisépticos y antifúngicos (que no reducen la eficacia de las vacunas) tales como el fenol, el 2-fenoxietanol y el tiomersal. Este último es el que más polémica ha suscitado y es uno de los motivos que alegan los antivacunas para no vacunar.

El tiomersal es un componente orgánico que contiene mercurio y su mala fama se remonta a los años 70, donde en un medio rural iraquí se produjo la llamada “enfermedad de Minamata”. Allí se produjo unas 450 muertes y más de 6000 hospitalizaciones por el consumo de trigo tratado con metilmercurio.

La preocupación sobre este componente radica en la toxicidad del mercurio, a dosis altas, sobre el sistema nervioso central, más aun tratándose de un sistema nervioso inmaduro o en desarrollo. Por este motivo, a pesar que las cantidades de tiomersal en las vacunas son ínfimas (las vacunas con trazas contienen menos de 1 microgramo de mercurio por dosis, menos del 2,5 % del consumo diario considerado tolerable por la Organización Mundial de la Salud), se han realizado numerosos estudios para comprobar que no supone ningún problema de salud. Así Thompson WW y col. demostró en un estudio realizado con más de 1000 niños vacunados que no había alteraciones neuropsicológicas (se valoraron más de 40 diferentes); por otro lado, en 2008, Schechter comprobó que el número de casos de autismo en California permaneció estable tras usar vacunas sin trazas de tiomersal, demostrando así que el tiomersal NO está relacionado con esos casos.

Los antivacunas también han asociado el uso de tiomersal con el autismo, hecho que SE HA DESCARTADO ya en numerosos estudios. A pesar de ello, muchos antivacunas se enriquecen con la venta de agentes quelantes del calcio (alrededor de 10.000 niños autistas en Estados Unidos reciben estas sustancias cada año). Tan grave es este asunto, que en agosto de 2005, un niño autista de 5 años fa¬lleció de una arritmia causada por la inyección del agente quelante EDTA (ácido etilendiaminotetraacético).

Vacuna Nombre comercial Compañía Cantidades / dosis de 0,5 mL
DTPe DTP Merieux Trivacuna

Aventis Pasteur

Leti

< 0,05 mg

< 0,05 mg

DTPe – HB Trianrix – Hepatitis B GSK 0,025 mg
HB Engerix B GSK < 1 mg
Difteria – tétanos

Anatoxal Di Te

Divacuna DT

Berna

Leti

0,05 mg

0,05 mg

Tétanos

Anatoxal Te

Toxoide tetánico

Berna

Leti

0,05 mg

0,05 mg

Tétanos – difteria (d) Diftavax Aventis Pasteur  < 0,05 mg
Neumocócica 23v Pnu - Immune Wyeth 0,05 mg
Gripe

Fluarix

Imuvac

GSK

Solvay

0,05 mg

0,05 mg

Cantidades de tiomersal presente en diferentes vacunas. Controversia en la seguridad de las vacunas: mitos y realidades. A. Delgado Rubio // F. Martinón Torres

Adyuvantes: son sustancias que estimulan al sistema inmune, de manera que estimula la producción de anticuerpos (defensas) en la persona que recibe la vacuna. Los más usados son sales de aluminio tales como sulfato de aluminio, fosfato de aluminio e hidróxido de aluminio. Los antivacunas proclaman que el aluminio es tóxico, probablemente sin saber que cantidades superiores están presentes en la leche materna, alimentos o incluso en el agua.

Aditivos: son sustancias que mantienen la estabilidad de la vacuna en condiciones adversas de temperatura. Los más usados son azúcares (lactosa, sacarosa), aminoácidos y proteínas (gelatina o seroalbúmina humana). El uso de seroalbúmina humana podría conllevar en teoría, algunos riesgos tales como reacciones alérgicas o la posibilidad que contenga agentes infecciosos (ya sean humanos) o priones (caso de derivados bovinos) como ocurre en el “mal de las vacas locas”.

En el caso de las reacciones alérgicas, es muy conocida la supuesta asociación entre la vacuna triple vírica (SaRuPa) y alérgicos al huevo. Esta relación se estableció ya que los componentes de las vacunas de parotiditis y sarampión se cultivaban en células embrionarias de pollo. En algunos centros de salud está extendida la práctica de iniciar la ingesta de huevo unas semanas antes de la administración de dicha vacuna para evitar posibles efectos adversos. Pues bien, lo cierto es que la mayoría de las reacciones alérgicas a la SaRuPa se produce en pacientes que NO SON alérgicos al huevo.

De hecho, se comprobó que en Japón habían 20 veces más casos de reacciones alérgicas secundarias a la administración de la vacuna que en Estados Unidos. La diferencia entre ambos países era que en Japón se ponía como aditivo gelatina. Tras la retirada de la gelatina, e incluso tras hidrolizarla ( hacer que los componentes de la gelatina sean tan pequeños para que el sistema inmune no reaccione contra ellos), los casos de reacciones alérgicas disminuyeron drásticamente hasta igualarse con los de Estados Unidos.

Por tanto, NO HAY EVIDENCIA CIENTÍFICA actualmente para no administrar esta vacuna en alérgicos al huevo (aunque por precaución debe realizarse en un medio vigilado y controlado), ni tampoco para iniciar la ingesta de huevo previamente a la vacunación. Sin embargo, si habrá que vigilar aquellos pacientes con historia de alergias a gelatinas si se le va a administrar una vacuna que la contenga.

Vacuna Nombre comercial Compañía Cantidad de gelatina (dosis)
DTPa Tripedia Aventis Pasteur 0,0015 mg
Gripe Fluzone Aventis Pasteur 0,025 mg
Sarampión Attenuvax Merck and Co 14,5 mg
Parotiditis Mumpsvax Merck and Co 14,5 mg
Rubéola Meruvax II Merck and Co 14,5 mg
Sarampión, rubéola MRVAX II Merck and Co 14,5 mg
Parotiditis, rubéola Biavax II Merck and Co 14,5 mg
SaRuPa MMR II Merck and Co 14,5 mg
Varicela Varivax Merck and Co 12,5 mg
Rabia Rabavert Chiron < 12 mg
Encefalitis japonesa JE - Vax Aventis Pasteur 0,5 mg

Vacunas que contienen gelatina, aceptadas en E.E.U.U. Offit PA et al.

En el caso de la transmisión de agentes infecciosos, la seroalbúmina humana usada en ciertas vacunas es seleccionada de donantes sin factores de riesgo. Además, durante el proceso de fabricación se elimina cualquier agente infeccioso que hubiera podido escapar al primer filtro.

En cuanto a los priones del “mal de las vacas locas” son varios los hechos que demuestran que las vacunas no pueden transmitir dicha enfermedad. Los priones en vacas enfermas se encuentran en la retina y sistema nervioso; estando ausente en componentes sanguíneos, el suero u otros tejidos. Tras millones de vacunas administradas en el mundo, NO HAY ningún caso reportado de encefalopatía espongiforme (“mal de las vacas locas”) relacionadas con las vacunas.

Agentes inactivantes: son sustancias que suprimen la virulencia de los agentes infecciosos (para impedir que produzcan la enfermedad) pero que mantienen su inmunogenicidad (su capacidad para que el organismo receptor genere defensas contra él). Los más usados son el formaldehido, B-propiolactona y glutaaldehído. Los antivacunas fomentan la creencia que las sustancias como el formaldehido producen cáncer; por una parte, la cantidad de este componente en las vacunas es ínfimo y, por otra, se ha demostrado que la exposición de personas y animales por tiempo prolongado a altas concentraciones de esta sustancia NO provoca cáncer.

Antibióticos: algunas vacunas contienen antibióticos para prevenir la contaminación bacteriana en el proceso de manufacturación de las vacunas. Eso es motivo de preocupación cuando se administran en pacientes alérgicos a antibióticos. Los antibióticos más usados en las vacunas son la neomicina, polimixina B, estreptomicina, anfotericina B y la clortetraciclina. Son antibióticos que NO pertenecen al grupo de las penicilinas, que son los que más frecuentemente producen reacciones alérgicas.

Residuos celulares: los más conocidos son las proteínas de huevo. Sobre todo están presentes en las vacunas de la gripe y la fiebre amarilla, ya que se cultiva en embriones de pollo. La cantidad presente en la vacuna puede ser suficiente para producir una reacción alérgica severa, por lo que la administración de dichas vacunas en pacientes alérgicos al huevo debe hacerse en un medio controlado siguiendo unas pautas específicas.

Como se ha reseñado anteriormente, las proteínas de huevo que se encuentran en la vacuna triple víricas son muy inferiores, por lo que los niños alérgicos al huevo podrán vacunarse, SIEMPRE bajo supervisión médica.

Vacunas y la supuesta relación con diferentes enfermedades

Hepatitis B y esclerosis múltiple: esta alerta surgió en Francia tras apreciarse un aumento de dicha enfermedad tras realizarse campañas de vacunación en adolescentes. Estudios posteriores en grupos de riesgo (personal sanitario que tiene que vacunarse de hepatitis B) descartó esta hipótesis, demostrando que la incidencia de esclerosis múltiple NO ES MAYOR en personas vacunadas de hepatitis B que en personas no vacunadas.

Vacuna triple vírica en relación con autismo y enfermedad inflamatoria intestinal: probablemente es esta asociación la que más defienden los antivacunas, ya que fue defendida inicialmente por la comunidad médica.

Wakefield describió en Reino Unido una serie de niños que ingresaron con trastornos digestivos y alteraciones del comportamiento de características autistas; fueron los propios padres los que sugirieron la relación de estos síntomas con la administración de la vacuna triple vírica unas semanas previas. El mismo Wakefield realizó un estudio donde insinuaba demostrar dicha asociación, creando gran alarma social ya que dicho estudio se publicó en The Lancet (una de las más prestigiosas revistas médicas de carácter internacional). Curiosamente, la propia revista retiró dicho artículo y el propio autor pidió disculpas dada la poca rigurosidad con la que se realizó el estudio y alteración de los resultados del mismo.

Dos estudios de enormes dimensiones DESMIENTEN tal asociación: en Finlandia se han estudiado 1.800.000 niños vacunados, sin encontrar un aumento en el número de autismo o enfermedad inflamatoria intestinal en este grupo. Asimismo, Madsen y cols. en 2002, estudió 500.000 niños en Dinamarca, un 80% de los cuales estaban vacunados y un 20% que no lo estaban. Los resultados fueron claros: la incidencia de autismo y enfermedad inflamatoria intestinal en ambos grupos fue similar.

Vacuna frente al rotavirus e invaginación intestinal: la primera vacuna frente al rotavirus que se comercializó (Rotashield) entró en calendario vacunal de Estados Unidos en 1998. Pocos meses después se retiró dado que en el estudio postcomercialización se comprobó que había un riesgo entre 5 y 20 veces mayor de padecer una invaginación intestinal en niños vacunados que en la población sana. Dado a esta incidencia, la Organización Mundial de la Salud estableció que previa a la comercialización de una vacuna frente al rotavirus, esta debía demostrar su inocuidad. Esto se cumplió con creces en los trabajos presentados por dos laboratorios antes de que sus vacunas se comercializara (Rotarix, Rotateq), los cuales recibieron sendos premios al mejor trabajo publicado en la revista New England Journal of Medicine de 2006; en los cuales demostraban que la vacuna NO AUMENTABA el riesgo de invaginación intestinal. Dichos estudios englobó una serie de más de 60.000 niños.

Vacunas hexavalentes y síndrome de muerte súbita del lactante: las vacunas combinadas (contra varias enfermedades) son ideales para reducir el número de pinchazos, disminuir el número de visitas al pediatra e inmunizar de forma rápida y eficaz. Por ello, estas vacunas son objeto de estudio para comprobar que son seguras y que mantienen su inmunogenicidad (que siguen siendo igualmente eficaces). En 2003, se notificaron 5 casos de muertes inexplicables 24 horas después de la administración de la vacuna hexavalente; tras esto, se pusieron en marcha numerosos estudios que descartaron la asociación entre la vacuna y el síndrome de muerte súbita del lactante. Dos años después, la vacuna Hexavac se retiró del mercado por un problema de eficacia, ya que los niños vacunados con ella producían menos anticuerpos frente a la hepatitis B que los niños vacunados con otras vacunas. La retirada de esta vacuna se relacionó con los rumores previos sobre la muerte súbita del lactante; rumores que posteriormente se demostraron infundados.

Desmintiendo más mitos…

“Las enfermedades infecciosas no son graves y padecerlas forma parte del proceso natural”.-

Si se padece un sarampión, el riesgo de muerte asciende a uno por cada 3000 afectados. Si hablamos de las complicaciones, uno de cada 20 sufren neumonía por sarampión y uno de cada 2000 sufren una encefalitis (infección del sistema nervioso central). En el caso de la parotiditis, uno de cada 300 enfermos sufren una encefalitis. Si nos referimos a la rubeola, una de cada 4 mujeres embarazadas puede transmitirla al feto si la infección se produce antes de la sexta semana de gestación (la rubeola congénita produce cataratas, problemas de audición, cardiopatías y retraso mental severo). Si hablamos del riesgo asociado a la vacuna de la triple vírica, uno de cada 1.000.000 de niños vacunados puede padecer una encefalitis o una reacción alérgica grave.

Pongamos otro ejemplo. Si se padece una difteria, uno de cada 20 niños fallecen por la enfermedad. En el caso del tétanos, se producen 3 muertes por cada 100 afectados. Si hablamos de tos ferina, uno de cada 8 niños presentan neumonía, uno de cada 20 una encefalitis y fallecen uno por cada 200 niños afectados. En cuanto a los riesgos asociados a la vacuna, sabemos que puede producir convulsiones en uno cada 750 niños vacunados (con recuperación posterior y sin secuelas), mientras que el riesgo de encefalopatía es de 1-10 por cada 1.000.000 de niños vacunados.

Con estos números se aprecia de manera evidente que el riesgo asociado a la vacuna es infinitamente menor que los riesgos asociados a padecer la enfermedad.

“La disminución en los últimos años de las enfermedades infecciosas no se debe a las vacunas, sino a una mejor de las condiciones higiénicas y sanitarias”.-

Es cierto que la potabilización del agua y la mejora de las condiciones sanitarias ha aumentado mucho la esperanza de vida. Sin embargo, en épocas en las que esas condiciones se han mantenido estables, la incidencia de enfermedades se ha visto reducida drásticamente al poco de introducir la vacunación en la población. 

Enfermedad Casos siglo XX Casos 2002 % de disminución
Rubéola congénita 823 1 > 99,9
Difteria 175.885 1 > 99,9
Enfermedad invasiva por Haemophilus

 

20000*

 

184

 

99,1

Sarampión 503.282 44 > 99,9
Parotiditis 152.209 270 99,8
Tos ferina 142.271 9.771 93,3
Polio paralítica 16.316 0 100
Rubéola 47.745 18 > 99,9
Tétanos 1.314 25 98,1

 CDC Epidemiology and prevention of vaccine-preventable desease. 2004. (*) Casos estimados

Si estos datos aún no fueran suficientes, en comunidades donde se promueve el movimiento antivacunas, la incidencia de enfermedades y epidemias es muy superior al de poblaciones cercanas con las mismas condiciones higiénico-sanitarias.

“Las vacunas no protegen contra las enfermedades porque muchos de los casos se da en niños vacunados”.-

Esta afirmación es cierta gracias a que la mayoría de los niños se vacunan, pero está completamente sacada de contexto. Intentaremos explicarlo con un ejemplo. Supongamos un colegio en el cual aparece una epidemia de una enfermedad prevenible por vacuna, donde hay 10.000 niños vacunados y 100 no vacunados. Los 100 niños no vacunados padecerán la enfermedad. En cuanto a los vacunados, se sabe que las vacunas no tienen una eficacia del 100%; ciertos niños vacunados no son capaces de crear anticuerpos y por tanto permanecer indefensos frente a una determinada enfermedad. Imaginemos que un 2% de los niños vacunados no crean anticuerpos (un 2% de 10.000 niños supone 200 niños). Por tanto, en este caso sería cierto que enferman más niños vacunados. La información que oculta dicha afirmación es que si los 10.000 niños no estuvieran vacunados, serían 10.000 y no 200 el número de enfermos.

“El sistema inmune en el primer año es muy inmaduro, por lo que es peligroso administrar tantas vacunas”.-

Justamente es todo lo contrario. Al tener un sistema inmune en maduración, la defensa frente agentes infecciosos no es tan efectiva, por lo que la vacunación en el primer año es esencial en la prevención de enfermedades potencialmente mortales. Asimismo, administrar varias vacunas de forma simultánea estimula de manera más eficiente el sistema inmune, favoreciendo la formación de anticuerpos y, por tanto, logrando un mayor porcentaje de protección en la población vacunada.

“La vacunas se contaminan con virus adventicios”.-

Uno de los casos más recientes fue la detección de circovirus de origen porcino en la vacuna frente al rotavirus. Fruto de este hallazgo, se retiró la vacuna hasta comprobar su procedencia. Tras numerosos estudios, se demostró que dichos virus procedían del proceso de manufacturación y que no entrañaba problemas de salud algunos para los humanos.

Las vacunas están ampliamente extendidas y generalizadas, por lo que ante la más mínima alerta, se empiezan estudios para confirmar o desmentir cualquier tipo de reacción adversa o evento anómalo.

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Ivan Abreu Yanes

Ivan Abreu Yanes

Soy pediatra en Hospiten Rambla. Me he especializado en la rama de Cardiología pediátrica, haciendo especial hincapié en las cardiopatías congénitas; las cuales además de su abordaje postnatal,es importante su conocimiento antes del nacimiento,para poder explicar a los padres la posible evolución de las mismas; aliviando así la ansiedad de la incertidumbre.

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Gabriela Darias Psicologa