Niño hiperregalado

¡Queridos Reyes Magos!


Estamos ante fechas donde las luces, villancicos y olores a turrón inundan los hogares, tiempo para reunirnos con los seres queridos, volver a casa, época en la que parece que nos volvemos más humanos y los sentimientos afloran. También es cierto, que la Navidad tiene una cara oculta, es una época donde el consumismo se dispara, las tiendas se llenan de personas comprando regalos (en ocasiones de forma compulsiva y sin utilizar ningún criterio lógico), los pensamientos tipo “es que todo me parece poco” nos abordan, y en casos más graves, se llega al endeudamiento para la realización de las compras, es una especie de batalla donde todo vale.

¿Alguna vez nos hemos parado a reflexionar, sobre la estampa que año tras año se repite en muchos hogares?: árbol de navidad, roscón de reyes con chocolate caliente y los niños de la casa abriendo un sinfín de regalos; hasta aquí parece todo normal, pero, ¿realmente hemos puesto atención a la cantidad de regalos que abren los niños y en la actitud de los mismos mientras rasgan en papel con desespero?

Si somos honestos, la mayoría diría que no, que sólo estamos pendientes de recoger los papeles del suelo y de seguir dando más y más regalos a los pequeños, alegrándonos con sus caras de felicidad.
Como se ha comentado anteriormente, la Navidad tiene una cara oculta, nadie nos ha explicado que la mañana de Reyes muchos niños conocen por primera vez “El Síndrome del Niño Hiperregalado”.

¿QUÉ ES EL SÍNDROME DEL NIÑO HIPERREGALADO?

Un niño hiperregalado es aquel niño al que colman de juguetes y regalos en Navidad, cumpleaños o cualquier otra fecha significativa, provocando en el menor una falta de concentración para poder fijarse en todos sus regalos y por consiguiente disfrutarlos.

¿POR QUÉ SE PRODUCE?

Como todos sabemos, nuestro país no favorece la conciliación familiar en cuanto al ámbito laboral se refiere, jornadas de muchas horas para padres y madres que unido a las dificultades económicas que atraviesan muchas familias, se hace impensable dejar de trabajar para dedicar más tiempo a la crianza y educación de los niños.

Los padres se ven en la obligación de dejar a sus hijos a cargo de los abuelos, tíos o centros infantiles para poder trabajar. Esta situación genera en los padres un sentimiento de culpabilidad muy grande, al no poder pasar más tiempo con sus hijos. Se sienten responsables de la felicidad de sus hijos y se mortifican pensando que nunca les perdonarán que no estén a su lado.

Esa culpabilidad genera en los padres la idea de que sus hijos no son felices, y muy sutilmente se va estableciendo en ellos la creencia de que ese vacío puede y debe ser rellenado con regalos, ¿hay alguna otra cosa que haga más feliz a un niño que recibir un regalo? Se preguntan muchos de ellos.

Sin darse cuenta, los padres entran en un círculo muy peligroso: a más sentimiento de culpabilidad, más vacío; lo que conlleva más infelicidad para mi hijo, por tanto más regalos merece.

Es así como el síndrome del niño hiperregalado llega a casa.

ALGUNAS CONSECUENCIAS DEL SÍNDROME…

Los efectos más comunes que experimentan los niños hiperregalados son los siguientes:

  1. Sobreestimulación: pueden ocurrir dos situaciones cuando un niño recibe muchísimos regalos, no disfruta de ninguno en especial o se decanta por el más que le gusta dejando el resto de juguetes sin utilizar en un rincón de la casa. El menor no es capaz de concentrarse en cada uno de los juguetes, por lo que no saca el provecho máximo. La sobreestimulación le desborda.
  2. Se pierde la ilusión: es posible que el niño desarrolle una apatía cuando recibe un exceso de regalos. Se acostumbra a recibir gran cantidad, generando la creencia de que es una obligación por parte de sus padres. La ilusión experimentada al recibir un regalo se pierde, desaparece.
  3. Nivel de tolerancia a la frustración igual a cero: aquellos niños que están acostumbrados a recibir todo lo que desean sin una explicación previa del “coste” de cada regalo (aprobar el trimestre, portarse bien…) generan una actitud de egocentrismo, no aprendiendo a enfrentar y sentir la frustración cuando no obtenemos lo que deseamos. Debemos ser conscientes que la frustración será la protagonista de muchas vivencias a lo largo de la vida de los más pequeños, y que gracias a ella su aprendizaje irá evolucionando. Asimismo, pueden llegar a desarrollar conductas consumistas y altamente egoístas, al no ser conscientes del valor que conllevan los regalos.
  4. Limitando sus capacidades: si bien es cierto que los juguetes aportan beneficios en el desarrollo cognitivo y motriz del niño, no son indispensables para pasar tardes de juego divertidas. Muchos padres tienen la creencia de que sin juguetes el niño no puede jugar, y no es cierto.

Algunos juegos tradicionales como el escondite, el pilla pilla, 1, 2 ,3 Juan Periquito y Andrés, etc., benefician de igual manera al desarrollo del menor, potenciando entre otras las habilidades para las relaciones sociales (juegos grupales), la planificación y ejecución (¿dónde nos escondemos?), la imaginación y la creatividad (recetas hechas con tierra, agua y hierbas durante una tarde jugando a las cocinitas), la fantasía (elegir la postura para hacer la estatua), capacidad de elección (formar equipo para jugar al Brillé)...

ALGUNOS CONSEJOS PARA SUS MAJESTADES DE ORIENTE…

A la hora de elegir los regalos deberíamos de tener presente las siguientes “normas”:

  1. Debemos comprar a los niños regalos que vayan a utilizar no sólo para jugar, por ejemplo ropa, calzado o similares.
  2. Un regalo educativo, ya sea un juguete que les enseñe a elaborar minerales, un libro de cuentos, un puzzle, etc. Los juguetes no sólo sirven para entretener sino que educan.
  3. Sería ideal incluir un regalo que fomente la práctica del deporte, patines, bicicleta, monopatín…Los niños pueden hacer deporte mientras juegan.
  4. La última y más importante, debajo de cada árbol debe estar ese regalo especial, el más deseado, el que el niño lleva soñando muchas noches, porque ahí está realmente su ilusión.

A todos los padres y madres que por diferentes motivos no pueden estar todo el tiempo que quisieran con sus hijos, decirles que ningún regalo rellena vacíos, sustituye besos, da el calor de un abrazo; sólo la presencia física es la que hace que un niño se sienta bien, protegido y feliz. El tiempo pasado con los niños debe ser un tiempo de calidad, donde se compartan charlas, paseos, actividades en la naturaleza, donde hayan gestos y palabras de afecto.

Yo este año, le pido a sus Majestades de Oriente menos regalos y más tiempo con papá y mamá.

 

¡Feliz Navidad!

Gabriela Darias Medina
Psicóloga Infantil y Juvenil
Colegiada nº T-02420

Gabriela Darias Medina

Gabriela Darias Medina

Psicóloga especializada en Psicología Infantil y Juvenil
Colegiada nº T-02420
San Cristóbal de La Laguna
Teléfono de contacto: 659 09 60 31

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