La fiebre. Cómo medirla y cuándo debemos preocuparnos

La fiebre es uno de los principales motivos de preocupación de los padres y la primera causa de visita a la consulta del pediatra.

Es habitual que se genere ansiedad ante esta situación, pues la fiebre suele acompañarse por decaimiento del niño, disminución en la cantidad de comida que ingiere e irritabilidad, estando el niño más llorón y mimoso.

Pues bien, la fiebre es un mecanismo de defensa ante ciertas situaciones, en especial las infecciones. De esa manera, nuestro sistema inmune funciona mejor, siendo más efectivo contra las patógenos que producen las enfermedades.

¿A partir de qué temperatura hablamos de fiebre?

Como norma general, se considera febrícula a la temperatura entre 37,5ºC y 37,9ºC y fiebre a una temperatura por encima de 38ºC axilar. Si la temperatura la tomamos rectal, hay que saber que esta es en torno a medio grado superior a la axilar. Dada la amplia variedad de termómetros que existen en la actualidad, consideraremos fiebre cuando el termómetro marca 38 grados o más.

¿Cómo medimos la fiebre?

Para que la medición de la temperatura sea fiable es necesario:

  1. Que el niño no esté muy abrigado
  2. Que no se haya bañado recientemente
  3. Que la zona de contacto del termómetro esté seca y limpia

Actualmente hay muchos tipos distintos de termómetros. Hablaremos de algunos de ellos:

  • Termómetros de mercurio: está desaconsejado su uso por la toxicidad del mercurio en caso de rotura.
  • Termómetros de oído: funcionan por infrarrojos, captando la temperatura emitida por el tímpano. Son fiables siempre que el conducto auditivo esté limpio. Es necesario tirar del pabellón de la oreja hacia atrás antes de introducirlo; y hacia arriba y hacia atrás en niños un poco más grandes. Es recomendable aguantar la cabeza del niño fijada para evitar que se haga daño. NO es el método ideal en lactantes pequeños por debajo de los 3 meses. Hay que recordar que este tipo de termómetro debe estar unos 20 minutos antes en la misma habitación que le niño para una correcta medición.
  • Termómetros de chupete: toman la temperatura oral en lactantes. Es una buena opción para niños que están muy irritables, aunque al no estar en contacto directo con la mucosa, no son muy fiables.
  • Termómetros de tira plástica: son probablemente los MENOS fiables. Son unas tiras colorimétricas que se pegan en la frente del niño, cambiando de color dependiendo de la temperatura. Es necesario que la piel esté seca y sin sudor.
  • Termómetos de frente sin contacto: igual que los de oído, funcionan por infrarrojos, con la consecuente variabilidad de las mediciones. La temperatura medida cambiará dependiendo de la temperatura de la habitación, de la distancia a la que se ponga el termómetro de la frente…No son los más adecuados.
  • Termómetros digitales: si se usan correctamente SON LOS MÁS ADECUADOS para la toma de la temperatura. Si se usan en la boca hay que hacerlo con cuidado, siendo más fiable la medición debajo de la lengua que en la mejilla; no se recomienda en niños pequeños por posibilidad de hacerle daño. La toma en el recto hay que hacerla también con precaución, para evitar hacer heridas; en este caso hay que extender lubricante hidrosoluble en la punta del termómetro.
  • En definitiva, nuestro consejo es tomar la temperatura en la axila con termómetro digital, ya que es una forma segura y bastante fiable de hacerlo.

¿Debemos tratar la fiebre?

Al ser un mecanismo de defensa debemos mantener un equilibrio; si el niño no está decaído y contento, no sería necesario bajar la fiebre. Si ésta se acompaña de malestar general entonces habría que recurrir a los antitérmicos para bajarla. Es necesario recordar que las medidas físicas (toallas húmedas) SIEMPRE hay que acompañarlas de la toma de un antitérmico para que sean efectivas.

¿Cuándo nos debemos preocupar?

Debemos SIEMPRE consultar con nuestro pediatra si:

  • La fiebre es superior a 38,9ºC axilar
  • La fiebre es en un niño menor de 3 meses
  • En los intervalos en el que el niño está SIN FIEBRE, está decaído
  • El niño tiene mal color

Acerca de Iván Abreu Yanes

Iván Abreu Yanes
Mi nombre es Iván Abreu Yanes; nacido, criado y formado en Santa Cruz de Tenerife. Soy pediatra de profesión y devoción, especializado en dos ámbitos completamente diferentes: por un lado la cardiología pediátrica, con especial interés en las cardiopatías congénitas; y por el otro el asesoramiento en lactancia materna. En esta última se están centrando la mayoría de mis esfuerzos actualmente, con el fin de promover el mejor alimentos que se le puede dar al niño en los primeros años de vida, la leche materna.

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